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En el XII Congreso de Periodismo Digital

Los días 10 y 11 de marzo se celebra en Huesca el XII Congreso de Periodismo Digital. Este congreso muestra ya una dilatada y consolidada trayectoria, y he tenido la suerte de que Fernando García Mongay, su organizador y alma mater, tenga la paciencia y la amabilidad de invitarme siempre. El año pasado fue el único que no pude asistir, al coincidirme con docencia en un máster en otra universidad, y éste casi, casi, ya que mañana también tendré que viajar a otro máster.

Mirando esta mañana la abarrotada sala del congreso, me he dado cuenta de cómo han cambiado las cosas desde la primera edición en 2000: mucho estudiante, todos con portátil o netbook, conexión en tiempo real, y cientos de twiteos sobre el congreso y las participaciones de los ponentes. En todos los congresos anteriores, siempre me ha parecido que los periodistas iban por detrás de la red y de sus usuarios: se planteaban y se preguntaban cosas que el resto de usuarios veíamos como obvias: el impacto que la red iba a tener en los medios, el papel del periodista, los problemas de financiación de los medios, el auge del periodismo ciudadano… creo que éste es el primer congreso en el cual los periodistas «están», y se interrogan ellos mismos sobre quienes son, de dónde vienen y si están sólos en la galaxia…. o acompañados. El impacto que están teniendo las redes sociales en su trabajo es tremendo, y por primera vez se están dando cuenta de ello, y están apreciando que no son el ombligo del mundo, ni tampoco imprescindibles, sino que deben buscar su sitio y desarrollar su labor con calidad. Y, por primera vez también, se han dado cuenta de que pueden escuchar a sus audiencias, y que sus audiencias no son tontas: les escuchan, les critican y, si no les satisfacen, les abandonan. Pero todavía no les he oído hablar de la economía de la atención como piedra de toque de su importancia real.

Aún están un poco desorientados: hablan de las redes sociales como elemento clave de las revueltas en el mundo árabe, cuando cualquier historiador sabe que una revuelta se produce cuando no se come, y que las revoluciones se hacen con piedras y fusiles, no con mensajes de twitter. Tienden a confundir la difusión de la información con la elaboración de información, aún no parecen darse cuenta que un mensaje de 140 caracteres no puede sustituir a una reflexión pausada sobre un hecho. Y que la inmediatez debe acompañarse de calidad en el contenido. La vorágine de la velocidad informativa de las redes sociales les arrastra, como nos arrastra a todos. Poner las cosas en su sitio y darles el valor adecuado y justo en nuestra actividad diaria aún nos costará un tiempo… vamos, unos meses, hasta que salga algo nuevo que ponga todo patas arriba otra vez. Y espero que el año que viene podamos asistir a una nueva edición…