Adiós al Profesional de la Información

El pasado mes de diciembre formalicé mi renuncia al comité científico de la revista EPI, Profesional de la Información. Atrás han quedado dos décadas de colaborar en esa revista, que fue innovadora e imprescindible en su momento, pero que ha dejado de ser relevante para nuestro campo académico.

La evolución de la orientación y de los contenidos de la revista durante los últimos años, en los que se ha convertido en otra revista más de periodismo y comunicación, me ha demostrado que ha dejado de ser una revista de información y documentación. Al calor de la buena situación de la revista en los indicadores, un buen número de autores y autoras de periodismo y comunicación han volcado sus trabajos allí, visto abierto el campo de conseguir un Q1 o un Q2 a un módico precio.

No tengo nada que objetar al cambio de orientación de la empresa editorial: Profesional de la Información siempre ha sido un negocio privado, y los números mandan. Espero que la nueva empresa editora, radicada en Londres, no sea una predadora encubierta. Lo que sí me produce un cierto sinsabor es que no debería olvidarse que la valoración y prestigio de la revista se alcanzó merced a la calidad y el esfuerzo de los trabajos (con alguna humilde colaboración nuestra) provenientes del campo de la información y la documentación.

Una cosa sí me molesta: con este cambio de orientación, la acepción de información, por la que tanto se ha trabajo en nuestro campo, y presente en el título de la revista, volverá a identificarse erróneamente con periodismo y comunicación. Flaco favor. Profesional de la Comunicación sería mejor.

Para finalizar, y dado que los editores de la revista no remitieron mi mensaje de despedida al resto de colaboradores y colaboradoras del comité científico (por razones que ignoro, pero que imagino), aprovecho para despedirme públicamente de ellos, y animarles a que intenten mantener el nivel y el prestigio que se le dió a la revista desde nuestro campo de conocimiento.