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El web es un entorno abierto, heterogéneo y cambiante,
y esas particularidades se reflejan en los documentos
y páginas web. Las páginas web poseen
unas dimensiones organizadoras, espaciales y temporales
muy activas, de las que carecen los documentos escritos
o impresos, e incluso los documentos visuales dinámicos.
Para bien o para mal, esa dimensión activa supone
que no existen límites a las variaciones que
puede sufrir un documento, en virtud de los intereses
y motivaciones de su creador. Las principales dimensiones,
que no son excluyentes, ya que pueden combinarse unas
con otras, son:
- Variabilidad de organización: en una primera
versión de una página web, todo el contenido
informativo puede encontrarse en un único documento
o página web. Tras cierto periodo, el autor
puede decidir cambiar esa estructura organizativa,
manteniendo el contenido informativo, pero separándolo
en varias páginas web con unidad de interpretación,
y dotando a las mismas de una navegación mediante
enlaces.
- Variabilidad de presentación: las páginas
con el nivel de presentación A y el contenido
B, son sustituidas por las páginas con el nivel
de presentación C, pero manteniendo el contenido
B.
- Variabilidad de modificación: las páginas
con el contenido A son sustituidas, o complementadas,
por las páginas con el contenido A+B.
- Variabilidad espacial: en un momento dado, las páginas
que el autor había alojado en el servidor A
son trasladadas, por diferentes causas, con cambio
o sin cambio de estructura, al servidor B, y desaparecen
de A definitivamente.
- Variabilidad temporal: las páginas A con
el contenido B son sustituidas por las páginas
A' (con la misma estructura y presentación),
pero con el contenido C. También cabe la posibilidad
de que las páginas A y el contenido B desaparezcan
totalmente del web, sin ser sustituidas o modificadas.
Debe tener en cuenta un último factor al analizar
la variabilidad. Se trata de aquellas páginas
que no existen como ficheros HTML en ningún servidor,
sino que son generadas dinámicamente a petición
del usuario. Generalmente se trata de páginas
que son creadas como resultado de consultar bases de
datos a través de una interfaz web. Por ejemplo,
cuando consulta un motor de búsqueda, o el catálogo
de una biblioteca.
Por último, la propia estructura hipertextual
del web hace que se produzca desorientación cuando
el usuario no comprende el contexto en el que se sitúa,
y cómo ha llegado a la situación en la
que se encuentra en ese momento. Suele ser producto
de la ejecución de enlaces de manera errática,
que acaban llevando al usuario, espacial e informativamente,
lejos de su objetivo original. Los estudios psicológicos
han demostrado que el ser humano es capaz de recordar
listados de hasta siete elementos, comenzado los errores
a partir de este punto. Tras la ejecución y revisión
de siete o más anclajes (enlaces) y nodos, el
usuario se ve superado por la cantidad, volumen y relaciones
recibidas durante el episodio hipertextual, no puede
mantener el nivel de concentración necesario,
y se produce el desbordamiento cognitivo. Ambos problemas,
la desorientación y el desbordamiento cognitivo,
están íntimamente relacionados en los
sistemas hipertextuales. Un buen diseño de la
información, en el ámbito de organización
y de presentación, de interfaz de usuario, es
una garantía en estos casos, pero de nuevo ésto
no depende de la capacidad del usuario que busca, sino
de las intenciones y habilidades del creador y responsable
de las páginas web.
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