4 comentarios a “Debatiendo sobre los e-books o libros electrónicos”

  1. Pilar Rubio Remiro, librera

    Estimados amigos, acabo de leer por casualidad y con sumo interés este debate improvisado y quiero manifestar mi acuerdo con las pacientes argumentaciones de mi colega José Manuel Pinto, así como su esfuerzo de racionalidad y cordura en un debate que, tal como se sostiene aquí, parece dirigido únicamente a desprestigiar lo “cultural” si únicamente proviene desde la economía de mercado en la que vivimos inmersos.
    Que el libro, como la música o el cine, forma parte de una industria cultural, me parece indiscutible y la canalización del comercio del libro digital nos guste o no tendrá que encontrar los cauces de rentabilidad necesaria que garantice su supervivencia. Creo que en aras de la propia diversidad cultural y la eficacia en el acceso de un bien cultural tan importante como es el libro, a todos nos debería interesar encontrar una fórmula de convivencia en sus formatos. Por ello me parece temerario y hasta insensible cargar contra el formato en papel por ser “improductivo” y costoso ¿para quién o en relación a que otros bienes?
    Sólo quisiera llamar la atención sobre una apreciación sutil que creo detectar en muchas de las discusiones que como ésta proliferan en varios medios. Me llama la atención una corriente muy activa y hasta beligerante que trataría de hacer prevalecer un supuesto “derecho civil” a la gratuidad del producto cultural, desempolvando una especie de revival libertario falsamente inocente, en detrimento del también supuesto abuso mercantilista con el que las empresas culturales, por supuesto privadas, nos lucramos de forma desaprensiva.
    Insisto en este detalle de privado y público, porque siempre acaba por dejarme perpleja que muchos de los abanderados del “ya está bien de tener que pagar por la cultura y los consumidores no tenemos porqué subvencionar un modelo improductivo” aplicado al mundo del libro provengan de la Universidad o de la red de Bibliotecas, instituciones ambas que sostenemos los abusadores empresarios privados con nuestra actividad y nuestros impuestos; que además lo hagamos creando, generando o distribuyendo cultura en forma de libros parece que nos hace especialmente insensibles y merecedores del mayor escarnio: la desaparición. Claro que hay un puñado de editoriales fuertes que sobreviven sin problemas. Pero aún así si aplicamos la lupa veremos casos como el de Random House Mondadori, que en el 2008 facturó 227 millones que dejaron un beneficio operativo de ¡12 millones!. Si éstas son las cuentas de nuestro segundo grupo editorial, ¿como serán las de un editor medio o pequeño?
    Seamos serios, el negocio del libro en papel que se asienta sobre editores, distribuidores y libreros sigue siendo claramente vocacional, mantiene un sustrato económico importante dirigido a hacer posible la diversidad cultural, y en el espectro más amplio de su actividad apenas genera recursos para su mantenimiento y poco más. Hasta sería propio referirse a una editorial o librería de tamaño pequeño y hasta medio como una Fundación Cultural Privada, con el ánimo de lucro más que olvidado. Somos, en realidad, puro servicio público. Y si hablamos de la protección de la propiedad intelectual, garantizada de momento a través del papel, parece mentira que algunos supuestos intelectuales se muestren tan desdeñosos en protegerla de igual forma en el formato electrónico divulgado sin control.
    En estos debates canalizados únicamente a valorar el precio del producto cultural a veces se echa en falta una mayor sensibilidad y objetividad por parte de quién siendo funcionario del Estado reparte consejos sobre cómo han de ganarse la vida los que están fuera del paraguas institucional, haciendo y repartiendo lo mismo que ellos: cultura.

  2. Alonso

    Mientras vosotros discutís y elucubráis sobre el futuro del libro digital nosotros, los lectores, llevamos AÑOS bajándonos libros digitalizados en Word, txt y Pdf de la red, porque no los encontramos en otro sitio. Ya ni nos planteamos siquiera pasar por una librería. Decidme un título y os enviaré el archivo. Os ha atropellado un camión a cámara lenta, viéndolo venir lo único que hicisteis fue polemizar sobre la distancia y la velocidad que levaba y si al final frenaría.

  3. Miquel Coll Parets

    Es cierto que en muchas ocasiones es mucho más fácil encontrar un libro digital pirata que uno impreso en papel y legal. También mucho más barato. Por lo tanto, no hay duda que será necesario un cambio en el sistema de negocio de las editoriales. Todo el mundo (menos las discográficas) sabe que el negocio de la música “enlatada” se ha acabado, y ahora el dinero fluirá a los músicos a traves de la música en directo (lo cual eliminará a muchos “artistas” y, sin duda, a las discográficas) Sin embargo, en el mundo editorial no está claro que sustituirá a la actual fuente de ingresos. No se la respuesta, pero el debate deberia ir en ese camino, por que está claro que los libros dejarán de ser rentables de la manera actual. Debates esteriles son, por ejemplo, hablar de medios de protección, derechos de autor, blablabla, todo esto siempre va un paso por detrás de la tecnologia. Los editores tienen la batalla perdida, sólo que no lo saben. Como los tejedores en la revolución industrial.

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